Comunidad Sostenible no es sinónimo de Periferia Urbana

Por décadas, la vivienda accesible en México ha sido ubicada en la periferia de las ciudades, donde el valor de la tierra tiende a ser menor que en los grandes centros urbanos.

Lo anterior implica, en efecto, arrojar a dicho segmento poblacional a un espacio sin ningún tipo de planeación para incorporarlos a la dinámica social, económica y ambiental de la zona. En esencia, se ha actuado, en relación a estas construcciones con cientos de habitáculos instalados en serie, como si su población se tratara de un residuo sin valor mercantil.

La situación descrita no ha hecho sino producir descomposición social, desequilibrio urbano, y programas de vivienda pública que tienen como objetivo el cumplimiento político de una promesa, no de una solución que aporte a la vida de los seres humanos que ahí habitan.

Claramente no es posible continuar con ese modelo que destruye comunidades, consume recursos naturales, devalúa la estética de regiones enteras, y corrompe el tejido social. En este contexto, cabe la pregunta: ¿qué puede hacer un arquitecto y un urbanista para aportar a la situación?

Actualmente sabemos, a partir de diferentes análisis pero, también por simple observación, que los asentamientos irregulares en la periferia tienden a ser menos agresivos en un sentido social y ambiental, que los programados en hojas de cálculo y análisis de retorno de inversión. La razón es muy simple: el asentamiento irregular se crea a partir de la migración orgánica entre individuos afines -por cualquier circunstancia-, que entablan relaciones de necesidad, contribuyendo a un sentimiento de pertenencia e igualdad. Es evidente, por otras razones, que un asentamiento irregular no es la solución de vivienda ideal, pero sí que es ejemplo de cómo los seres humanos construyen, de manera natural, núcleos sociales que pretenden algún grado de sostenibilidad con el entorno.

En contraste observamos las construcciones determinadas mediante criterios políticos y financieros. Aquellas que se pueden ver replicadas, hasta el horizonte al recorrer algunas carreteras de México. Se trata de desarrollos que anclan a una familia al pago interminable de un crédito; a alejarse, con frecuencia, de su centro de empleo; a romper tradiciones y contacto familiar en su lugar de origen, etc.

¿En qué momento perdimos la capacidad de entender el magnetismo de las grandes ciudades y de la migración del campo a la ciudad? No lo sabemos a ciencia cierta, pero muchos aprovecharon esta corriente de economía tóxica, logrando allanar el camino para no tener interrupciones y obstáculos por muchos años, hasta que hoy podemos ver y sufrir el resultado de esta gran catástrofe humanitaria.

Las condiciones están dadas para pensar de manera diferente, para darnos cuenta que los caminos del urbanismo rapaz están saturados y absolutamente deteriorados.

Humábitat Habitacional surge en respuesta a esa necesidad.

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